Norton I, Emperador de Estados Unidos

Norton I, Emperador de Estados Unidos y Protector de México
Personajes célebres podemos encontrar en todos los países del mundo, pero aquellos muy queridos por toda la ciudadanía son un poco más extraños. Hablamos de personajes excéntricos, raros, que crean situaciones un tanto bizarras pero que nos alegran el día a día y llegamos a aceptarlos como parte de nuestras vidas. Esto también lo encontramos con personajes de la realeza, o al menos de una “falsa realeza”.
Hubo una persona que en los comienzos de la creación de los Estados Unidos de América, se autoproclamó Emperador de todo ese territorio. Este fue Su Majestad el Emperador Norton I de los Estados Unidos de América y Protector de México.
Este individuo fue muy curioso. Su nombre real o al menos eso cree pues ha utilizado varios, fue Joshua Abraham Norton, pero poco más se conoce sobre su pasado o vida real. El Emperador, que vivía en la encantadora ciudad de San Francisco, había llegado a California como un aventurero en el siglo XIX, tras la fiebre del oro, en búsqueda de fortuna.
Posiblemente naciera en Inglaterra alrededor de 1815 y cuando falleció en 1880, las personas aseguraban (y sobre todo los cronistas) que debería de tener alrededor de 65 años de edad, aunque jamás se sabrá con certeza.
De niño pasó un tiempo en Sudáfrica, donde sus padres habían emigrado en el 1820. Sus parientes eran una dinastía de comerciantes judíos muy prósperos, lo que le dejo una gran herencia, aunque pronto lo perdería todo, viéndose obligado a declarar la bancarrota en su sociedad tras perder todos los litigios presentados en su contra por sus socios. Este es el motivo por el que se origina su excentricidad, el ser una persona que estaba acostumbrada a estar en la cima.
Se conoce también que durante un largo período de tiempo “desapareció” sin que nadie supiera dónde se hallaba, aunque sí se sabía que estaba vivo pues envió cartas y artículos a diversos periódicos de San Francisco, dejando patente su enfado hacia el sistema de gobierno estadounidense, al sistema judicial y a los funcionarios del Estado. Pero para solucionar todo ello tenía una gran solución, que le proclamaran Emperador.
Cuando se proclamo a sí mismo como Emperador, llamó a representantes de todos los estados a reunirse en forma de nueva cámara de representantes en San Francisco. Este suceso ocurrió el 17 de septiembre de 1859 y, al principio, tanto los periódicos como el público siguieron sus acciones con expectativa, como si estuvieran presenciando una obra de teatro. Norton gritaba de un lado para otro, lemas en contra de la corrupción. Ordenaba movimientos de tropas y aboliciones de leyes anteriores así como la disolución del Congreso.
Si algo se desconoce es si Norton I creía realmente que era el Emperador de Estados Unidos. Lo cierto es que no tenía influencia alguna y todos los que le rodeaban le tomaban como loco, aunque su permanencia en el tiempo duró bastante. La prensa y visitantes curiosos visitaban permanentemente la Corte Imperial, que se encontraba en un viejo edificio de apartamentos de alquiler.
Fue un personaje mediático 100%, pero con cero influencia. La prueba más fuerte la encontramos durante la Guerra Civil, cuando llamó un alto el fuego, que no fue correspondido ni por Lincoln ni Jefferson Davids, pero al menos lo intentó.

Norton I llegó a acuñar moneda, aunque jamás llegó a estar en circulación. Hoy son muy costosos y objeto de colección
Además encontró siempre personas dispuestas a ayudarle, incluyendo autoridades, como cuando se le rompió el traje imperial. En ese momento comenzó una serie de protestas hasta que desde el municipio le llegaron unas nuevas. Es más, los restaurantes le invitaban permanentemente a comer. Él creía que era por ser Emperador, vale, pero la realidad es que animaban tanto el ambiente que se convirtió en una herramienta de Marketing sin que siquiera lo supiera.
Norton se carteó con grandes personajes de su época, acudió como invitado de honor a multitud de fiestas y recepciones. Era una persona muy mediática y con un gran poder en las masas. Su presencia en la ciudad era algo normal en el día a día. Sus paseos junto a sus dos perros todos los días eran motivo de saludos e insultos.
Vivió proclamando leyes que si bien continuaban el juego, llegaron a causar algún daño pues decía cosas que quizá muchos desconocían y con ello se caldeaba el ambiente, pero nunca llegó a más. Incluso determinó cobrar impuestos para mantener la Corte, algo que toda la ciudadanía aceptó gustosa pues se trataba de unos pocos centavos pero que les permitirían seguir el juego. Se convirtió, como podéis ver, en un personaje típico y muy querido de toda la ciudad.
Tras más de veinte años de mandato, el Emperador Norton falleció durante una vehemente exposición de sus ideas ante un público expectante. Así, con él, se perdió el carisma de un loco genuino y el país se lo agradeció como lo podemos ver en su tumba, donde podemos leer “Norton I, Emperador de los Estados Unidos y Protector de México”.
Fuente: Alpoma
Imágenes: Dominio Público
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