En un artículo anterior señalamos la primera parte de los modelos de periodización de la Historia, es decir cómo según diferentes puntos de vista podemos “separar” la historia en etapas. Aquí viene la segunda entrega, abocada más que nada a Fernand Braudel y a Oswald Spengler, dos excelentes autores a quienes recomiendo fehacientemente leer todos aquellos que estén interesados en profundizar en historiografía.
Además claro, van las disculpas de la tardanza por la entrega de esta segunda parte, pero en definitiva aquí va, y nada mejor que comenzar con la escuela francesa, a cargo de Fernand Braudel, plantea tres tipos de categorías históricas para la periodización: tiempo corto, tiempo medio y tiempo largo.

Representación de las Eras del Hombre. Foto: Bibi Saint-Pol en Wikipedia
El tiempo corto es el que afecta a los acontecimientos, en la vida cotidiana a la medida de los individuos, independientemente de la trascendencia histórica que tengan. Trata de la historia de los acontecimientos sin mediar en las estructuras económicas y sociales en las que tienen lugar.
El tiempo medio es el de la duración de la coyuntura; plagado de acontecimientos y poseedor de un breve lapso donde se caracteriza el movimiento que se desarrolla en la vida de una persona, como por ejemplo una guerra. La variedad de duraciones efectivas es mucho mayor.
Por último, el tiempo largo es el que corresponde a las estructuras, realidades históricas que permanecen por debajo de los acontecimientos y las coyunturas y que no pueden modificarse con un solo acontecimiento. Son las que tienen, en muchos casos, permanencia generacional.
Un ejemplo podría ser el que se desarrolla en Estados como un cambio político profundo, como el caso de Rusia y la Revolución, que lleva a su fin al Zarismo y comienza la transición hacia el comunismo. La amplitud tanto temporal como de acontecimientos para realizar un cambio de estructura dificultan la determinación exacta del comienzo y fin de éstos, al ser cambios lentos en los que se suceden una gran variedad de acontecimientos.
Oswald Spengler considera a la historia como fisiomática, o sea observa las cosas directamente sin mediar acotamientos científicos. Mediante este enfoque, Spengler creía que se podría determinar la Historia. De esta forma se llega a su famosa tesis de visión cíclica que significa lo siguiente:
Considera que se debe abandonar la visión lineal de la Historia y tomarse una visión cíclica. Hasta ahora la Historia ha sido considerada como una progresión de lineal de lo bajo a lo alto, llevando a la Historia hacia un progreso ilimitado. Así la Historia de Occidente se desarrolla progresivamente: Historia Griega, Romana, Medieval y Moderna; o también Antigua, Medieval, Moderna y Contemporánea.
Toma esta periodización como el ego de Occidente. Anta esta visión simplista, propone una Historia movilizada por ciclos definidos, observables y básicamente independientes. Los movimientos cíclicos son los que se relacionan con las Altas Culturas; estas son: la Índica, la Babilónica, la Egipcia, la China, la Mejicana (Mayas y Aztecas), la Árabe (8º mágica), la Clásica (Grecia y Roma) y la Europeo-Occidental.
Cada cultura tuvo un carácter distintivo, a los que llama “símbolo máximo”, así los egipcios tuvieron el “camino” o “sendero”; la cultura clásica se caracterizó por el “punto presente” (la fascinación con lo cercano). El símbolo máximo de la cultura occidental es el “alma fáustica”, tendencia a ascender e intentar alcanzar el infinito. Símbolo trágico porque se intenta alcanzar lo inalcanzable.
También considera a las Altas Culturas como organismos vivientes, por lo que deben pasar por los estadios de nacimiento, desarrollo, plenitud, decadencia y muerte (morfología de la Historia), considerando que la cultura occidental no puede ser una excepción de ese “desarrollo orgánico”, como Spengler lo denomina. Hasta considera que se puede detectar en que estadio se encuentra en la actualidad.
Considera que el punto más alto de una cultura es, por antonomasia, la fase de plenitud, la que considera la “fase cultural” de los pueblos. El comienzo de la declinación se da en el punto de transición entre la “fase cultural” y su fase de “Civilización”, fase que le sigue inevitablemente. Esta fase se caracteriza por grandes conflictos sociales, movimientos de masas, guerras y crisis, que acompasan el crecimiento de grandes “megalópolis”, que absorben la vitalidad, el intelecto la fuerza y el espíritu de la población.
Con esta fase viene el gobierno del dinero, obteniendo como consecuencia el movimiento de las masas para quebrar ese modelo de gobierno, lo que devendría en la siguiente fase de la civilización, la del “Cesarismo”, donde grandes hombres se hacen de gran poder, que significa el regreso a la autoridad y el fin de la democracia.
Así se llega a la fase “Imperialista”, donde los césares combaten entre sí por el poder total de la tierra, echo este que no le interesa a la masa o no comprenden, abandonando lentamente las megalópolis y retomando sus trabajos en las tierras. Ahí surge una “nueva religiosidad”, anhelo de llegar a los antiguos símbolos caracterizantes de esa cultura. Así es como lentamente se desvanece la civilización.
Para Spengler, estos ciclos vitales son predecibles, y calcula un período de 1000 años aproximadamente para cada uno de ellos, totalmente variable ya que una cultura puede retrasar su muerte algunos siglos como también puede desaparecer súbitamente debido a factores externos, como ser la precolombina mejicana.
Así llegamos al final de los modelos de periodización de la Historia, haciendo un repaso en estos dos posts de todos los autores de mayor trascendencia para la historiografía occidental al menos, dejando en claro cada uno de ellos sus puntos de vista. Si debo escoger alguno sin ser el de historiografía básico mencionado en el primer post, sería el de Spengler, dado que gran razón tiene en lo que expresa.
Imagen libro Spengler: El Buscon
Imagen Clio: Southgeist en Wikipedia
Añadir a Del.Icio.Us



Comentarios de “Los modelos de periodización de la Historia (II)”
Aun no se han realizado comentarios.