Con la expedición militar de Napoleón Bonaparte a Egipto, se dio comienzo a una nueva “ciencia” que ha llegado hasta nuestros días con el mismo vigor y pasión con que nació a finales del siglo XVIII, esa “ciencia” es como no, la egiptología.
Gran parte de la pasión y el interés suscitado por Egipto a lo largo de los siglos y en nuestros días se debe a los avances en arquitectura, arte y ciencias del periodo egipcio conocido como Imperio Nuevo, el cual se extendió entre el año 1600 y el 1000 antes de Cristo. Durante esta época Egipto no sólo consolidó y amplió su gran imperio sino que se lanzó a través de una serie de grandes faraones a enormes proyectos de construcción y artísticos como nunca se habían dado hasta entonces. El Imperio Nuevo dio comienzo con la reunificación de Egipto durante el reinado del faraón durante el reinado de Ahmose I alrededor del 1550 a. C. La inauguración de este nuevo periodo viene caracterizada por el acceso al trono de un grupo de soberanos procedentes de la actual Libia.
El 19 de mayo de 1798 Napoleón parte del puerto de Tolón, en la costa mediterránea francesa, rumbo a Egipto y al mando de 38.000 soldados y 16.000 marinos a bordo de 300 navíos. El “pequeño cabo” quería eliminar la presencia de Inglaterra en el Mediterráneo y en Egipto, sin embargo su estrategia fue un desastre y los únicos que consiguieron ganar algo con la campaña fueron los 154 científicos que acompañaban la expedición.
Aunque los científicos ignoraban cual era su destino, no pudieron evitar sentirse tentados por acompañar a Napoleón y su gripo de profesores de elite entre los que se encontraban Gaspar Monge, fundador de la Escuela Politécnica, el químico Claude Louis Berthollet y el mineralogista del Museo Déodat de Dolomieu. Muchos de los científicos eran aún alumnos y entre ellos se encontraban especialistas de todos los ámbitos científicos, ingenieros, astrónomos, naturalistas, químicos, literatos, orientalistas, músicos, farmacéuticos, médicos. Ellos formaron la conocida como Comisión de las Ciencias y de las Artes del Ejército de Oriente.
Hasta el 28 de junio el destino final aún permaneció en secreto. Poco antes de llegar, Napoleón hizo hincapié en que se trataba de una “conquista científica” pero lo cierto es que el Directorio francés, tratando de alejar la influencia de Napoleón en el ámbito interno, encarga a este impedir el acceso de Gran Bretaña a la India, tratando así de reducir su dominio comercial y evitar que conquisten nuevos territorios. Por aquellos días un débil Imperio Turco, controla Egipto.
Uno de aquellos jóvenes científicos era Dominique Vivant Denon. Dominique relató en su libro Viaje al Bajo y Alto Egipto, la travesía que hizo a lo largo del Nilo entre enero y marzo de 1799. Durante esa expedición descubriría para todos nosotros ciudades egipcias antiguas emblemáticas Tebas, Karnak, Luksor, Asuán…. El mismo sería el futuro director de los museos franceses y fundador del Louvre.
El 2 de julio, la expedición llega al puerto de Alejandría, donde desembarcará. Una parte de la misión científica, quedarán en la ciudad estudiando el faro y la columna de Pompeyo los demás proseguirán con las tropas hacia el interior de Egipto. Un mes después, Napoleón funda el Instituto de Egipto, en El Cairo, que se erigirá como el cuartel general de las actividades científicas.
En ocasiones, Napoleón asistirá junto con sus comandantes a importantes descubrimientos arqueológicos, algunos de los cuales serán inmortalizados en los cuadros de la época y en otras los científicos deberán asistir a operaciones militares como fue por ejemplo la batalla de las Pirámides, desarrollada el 21 de julio y de la que Napoleón salió vencedor.
Desde él, Napoleón y un grupo de científicos partirán en septiembre del mismo año hacia la meseta de Guiza. Allí realizaron los increíbles descubrimientos de la Esfinge y las Pirámides.
Aunque las publicaciones que realizaron tiempo después los conocidos como “sabios”, estas obras dejaran completamente indiferentes a los militares napoleónicos sin embargo el valor actual de aquellas investigaciones y descubrimientos se hace incalculable. Toda esta documentación recogida y posteriormente publicada en occidente sería la pieza inicial del interés que suscitó en Europa el antiguo Egipto. Con el tiempo esta pasión derivó en moda dando paso a un especie de Egiptomania.
Por su parte ingenieros y geógrafos no se quedaron atrás y crearon un atlas a escala 1/100.000 de la tierra de los faraones en 47 hojas. Los físicos emplearon parte de su tiempo en intentar descifrar el fenómeno del los espejismos, y uno de ellos explicó que, “Se trata del calor de la arena que dilata el aire en las proximidades y desvía los rayos del Sol“.
Sin embargo no todo fueron descubrimientos y gloria para la expedición científica. Al menos treinta de ellos murieron en diversas batallas o, víctimas de enfermedades. Todo ellos debieron de adaptarse a las duras condiciones de vida que se daban en Egipto e incluso muchos se dejaron crecer la barba o el bigote ya que en el Egipto de la época, el mentón afeitado era símbolo de esclavitud.
Con todo, muchos se terminaron acostumbrando y algunos se acostumbraron demasiado bien como comentó el naturalista Etienne Geoffroy Saint-Hilaire en una carta a su padre. “Aquí vivo tranquilamente ocupándome de historia natural, de mis caballos y de mi pequeña familia negra“. Los botánicos se encargarían, entre otras cosas, de llevar Europa una especie nueva de nenúfar y de palmera
En El Cairo a finales de 1798, se produce un levantamiento que cambiará el rumbo de la campaña militar y en el mismo año del descubrimiento de la piedra de Rosetta los turcos declaran la guerra a Bonaparte y tras una serie de batalla y las victorias pírricas de Napoleón en la batalla de Monte Tabor, y en Abukir, este decide abandonar Egipto el 23 de agosto de 1799 junto con la mayoría de sus oficiales y parte de los mas destacados científicos. Otros científicos se quedarían para continuar sus investigaciones.
Los británicos tomaran El Cairo y Alejandría, en el verano de 1801 y exigen al Instituto de Egipto la entrega de todos sus estudios y documentos a lo que los franceses se niegan exclamando. “Estamos dispuestos a quemar nuestros tesoros con tal de que no caigan en las manos del enemigo“, dice, Geoffroy Saint-Hilarie, sin embargo los británicos conseguirán hacerse con muchas obras, incluida la famosa piedra de Rosetta.
Descubierta por los soldados de Napoleón en 1799, en la aldea de Rosette, la celebre piedra de Rosetta permitió, gracias a sus tres escrituras (jeroglífica, demótica y griega), el desciframiento de la escritura jeroglífica por Jean-François Champollion años mas tarde, dando paso a la edad dorada del estudio del Egipto Antiguo.
Champollion trabajaría sobre una copia de la misma y publicó sus resultados en 1822. A los 38 años Champollion, visitó Egipto y cuando alguien le preguntó por esta tierra, respondió “Soy todo entero de Egipto, Egipto lo es todo para mí“.
FUENTES GRAFICAS: WikiCommons
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1 Comentario en “Los inicios de la egiptomania”
[...] por Pierre-François Bouchard, capitán del ejército de Napoleón cuando se encontraban sus tropas batallando en Egipto. Si bien los franceses la llevarían a su país, fue confiscada por las tropas británicas y por [...]