La batalla del Ebro es considerada por los expertos, la batalla más grande de la Guerra Civil. En aquellos días la Guerra Civil parecía más que decidida y cercana a su fin. En abril de 1938, la República había quedado partida en dos y Cataluña se encontraba sin abastecimiento eléctrico e indefensa contra un ataque nacional. La batalla se desarrolló a lo largo del cauce bajo del valle del Ebro, en la zona occidental de así como en zona oriental de la provincia de Zaragoza durante los meses de julio a noviembre de 1938.
Desde que la República quedara dividida, Franco optó por presionar en Levante, buscando tomarlo al final del otoño gracias a que Valencia se encontraba a tiro, lo cual facilitaría el avance hacia el sureste en una campaña, que se consideraba sencilla a pesar de las dificultades del terreno. Franco pretendía dejar a Cataluña para el final, una estrategia que no gusto a muchos de los altos mandos nacionales que veían a esta como un objetivo prioritario.
La batalla del Ebro constituyó una maniobra de distracción con la que el general Vicente Rojo, jefe del Estado Mayor Central republicano, desarrolla un plan para obligar a los nacionales a sacar sus fuerzas del ataque a Valencia y aliviar de esta forma la situación del ejército de Levante.
Rojo estableció como parte de su plan, en lanzamiento de una ofensiva, masiva y por sorpresa, sobre las fuerzas nacionales que defendian la margen derecha del Ebro, un frente de más de 60 kilómetros, de Norte a Sur, lo cual constituía un plan bastante audaz dado que la necesidad de cruzar un rio como el Ebro y llevar mas alla a miles de soldados con sus proviones requeriría un enorme esfuerzo logístico que la República dificilmente podría soportar.
Un informe del embajador francés Eirik Labonne, citado en la biografía de Juan Negrín de Ricardo Miralles, describe la situación que tenía Negrín desde que en abril tomo el control. ”Gracias a su presencia, su agilidad de maniobra, por el consentimiento que sabe obtener con equilibrio de los jefes de los sindicatos, por el rigor brutalmente expuesto, por las inéditas preventivas y represivas de las diferentes policías, puede gobernar firmemente y mantener la resistencia. Las incertidumbres interiores del mes anterior se han atenuado (…) La resistencia en Ia España republicana reposa actualmente en hi persona de un solo hombre“.
Otra parte del informe se refiere a la autoría de la operación del Ebro. “…..Cuando las tropas de Franco ocuparon CastellOn, el Estado Mayor Central, Rojo y Negrin personalmente, concibieron la operación del Ebro“.
El plan del general Rojo consistía en un contraataque en el bajo Ebro (entre Fayón y Tortosa), hacia Gandesa, con tres cuerpos de ejército, que integraban nueve divisiones, con un total de cien mil hombres. El objetivo era intentar cortar las comunicaciones nacionales entre Zaragoza y Caste11ón, localidad desde donde se preparaban las tropas franquista para atacar Valencia y así obligar a Franco a suspender Ia ofensiva contra esta. Al mismo tiempo, se pretendía entrar en combate con las tropas nacionales en una zona tortuosa en la que la ventaja en tropas y medios franquistas quedarian parcialmente anulada por la sorpresa del avance republicano.
Si la defensa nacional caía, podía esperarse la expulsión de los sublevados del Mediterráneo y de esta forma dar nuevas esperanzas a un alargamiento de la contienda que llevaria a esta hasta el próximo estallido de la guerra mundial y de esta forma implicar a España en ella, como era la esperanza de Negrin.
El Ejército del Ebro comandado por Juan Modesto comenzó a establecerse desde mediada la Primavera, componiéndose de tres cuerpos de ejercito, mandados a su vez por Etelvino Vega, Juan Tagaeria y Enrique Lister, cada uno de los cuales estaba dotado de tres divisiones. Las tropas de estas tres divisiones pasaron casi dos meses adiestrándose de forma nunca antes vista en el ejército republicano. La artillería fue reorganizada y se reunieron los medios necesarios para vadear el rio en el momento del avance.
Al otro lado del Ebro las tropas del Cuerpo de Ejercito Marroquí, mandado por el general Yagüe vigilaban al ejército republicano. Las fuerzas nacionales estaban compuestas de cuatro visiones, con cerca de 50.000 hombres. El Alto Mando nacional consideraba al Ebro un frente tranquilo. Los nacionales no consideraron posible que la ReptIblica iniciara una contraofensiva por el Ebro.
A pesar de las cuidadas prácticas por evitar que los movimientos de tropas republicanas fueran advertidas, la actividad de estas fue detectada y reiteradamente denunciada por el general Yagiie, que pidió refuerzos a Franco.El ataque quedo fijado para las 0 horas 15 minutos del 25 julio, coincidiendo con la festividad de Santiago, buscando con ello provocar la mayor sorpresa en el banco nacional.
Al final de la batalla, tras 113 días y habiéndose empleado entre 23 y 24 divisiones (12, los sublevados, 11-12 los republicanos) y mas de 250.000 hombres en total, las bajas resultaron ser elevadisimas, aunque aún hoy no existe un acuerdo total entre las partes enfretadas, ni entre los propios historiadores. Se estima en más de cien mil los muertos en ambos bandos Algunos autores han señalado que las bajas, pasaron ampliamente de cincuenta mil en cada uno de los dos bandos.
En lo referente al material militar empleado en la batalla del Ebro, los Servicios de Recuperación de Franco recogieron mas de 60.000 toneladas de restos metálicos y durante la posguerra se registró una alta actividad, en la que la chatarra dejada por las tropas de ambos ejércitos era ahora el objetivo. Aún en los años sesenta era facil encontrar restos de granadas y de metralla por las sierras llevaron el pincipal peso de la batalla.
Las últimas unidades del ejército republicano atravesaron nuevamente el Ebro entre el 14 y el 15 de noviernbre, cediendo con ello todo el territorio que habian ganado en la madrugacla de la ofensiva.
Aunque la ofensiva supuso una sorpresa total para el bando nacional y el ejército republicano penetró ampliamente e infligió muchas bajas al final tuvo que retirarse y sufrir similares perdidas por lo que bien podría considerarse la batalla del Ebro, como una batalla sin vencedores ni vencidos.
Y aunque el general Rojo consiguió frenar la ofensiva franquista sobre Valencia, Negrin no obtuvo el tiempo necesario para prolongar la lucha hasta que en septiembre de 1939, los aliados finalmente declaron la guerra al Eje. Apenas distaron 5 meses, entra la capitulación republicana y la declaración de guerra de los aliados.
¿Sería España hoy diferente si la ofensiva del Ebro hubiera tenido éxito o se hubiera prolongado esta en el tiempo?
FUENTES GRAFICAS: WikiCommons
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