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La Batalla de Stalingrado

Marcelo Ferrando Castro
08:00h Viernes, 10 de febrero de 2012
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Nos encontramos en 1942 y en plena Segunda Guerra Mundial, parte de las tropas alemanas están avanzando rápidamente internándose en tierras rusas dirigidas por el comandante de las divisiones acorazadas del VI ejército: Von Paulus.

Tras la batalla, Stalingrado quedó destruida en su totalidad

En este momento, el frente alemán con los rusos no medía menos de 2.600 Km y las líneas de suministro eran, cuanto menos, insuficientes. El objetivo de esta ofensiva era conquistar transcaucásica y sus suministros petrolíferos, un objetivo muy ambicioso debido a la gran extensión de terreno que debía ser tomado. Parte de dicho objetivo consiste en la toma de la ciudad industrial que lleva en nombre del dictador soviético: Stalingrado.

En un principio, las pretensiones alemanas eran tomar la ciudad rápidamente y no se esperaba mucha resistencia debido a la escasa guarnición de la ciudad, de hecho cuando comenzó el asedio el 2 de septiembre y se congregaron las tropas del VI ejército de Von Paulus a las puertas de la ciudad el General Lopatin, jefe de las fuerzas Rusas pide permiso a Stalin para cruzar el río a la retaguardia de la ciudad y abandonarla.

En este momento Stalin cambia la estrategia defensiva que Rusia llevaba hasta el momento basada en la flexibilidad e incluso sustituye a Lopatin como líder de las fuerzas rusas por el general Chuikov con un objetivo: defender la ciudad por todos los medios que sea posible. La batalla comienza previsiblemente con victorias alemanas, pues la 29 división toma la ciudad vieja y más tarde, en octubre, parte del sur de la ciudad, los rusos conservan algunas partes del centro y el norte.

En este momento, la estrategia militar lógica habría sido abandonar la lucha, los alemanes porque la ciudad había perdido la importancia estratégica y los rusos ante la imposibilidad de defenderla, sin embargo la lucha ha tomado un fuerte carácter moral y político, la batalla aquí va a suponer la llave de la guerra. Tanto Stalin como Hitler están muy pendientes de lo que sucede aquí, y ordenan una lucha sin cuartel y sin retirada posible a su tropas, sabedores de la importancia vital de la victoria.

Las tropas rusas, que en estos momentos ronda el millón y medio de soldados gracias a los refuerzos, empiezan a ganar terreno a partir de noviembre y rodean al maltrecho ejército alemán de 250.000 hombres que no estaba preparado para una guerra de desgaste y que comienza a recibir los escasos suministros por aire.

Antes del final de aquel año, la mayoría de los efectivos germanos morían de desnutrición, hipotermia y enfermedades tales como el tifus y la disentería. En 1943 ante la negativa alemana de rendirse los rusos lanzan la ofensiva más grande de esta batalla, en ella resultaría destruida la mayoría de la ciudad y finalizaría con la rendición de los restos del ejército alemán.

Las cifras son escalofriantes: 500.000 rusos y más de 150.000 alemanes fallecidos y una ciudad prácticamente destruida al 99%. A partir de aquí, la suerte alemana en su campaña oriental fue en declive, la batalla de Stalingrado fue el punto de inflexión que dio la victoria a los soviéticos.

Imagen: Dominio Público en Wikimedia

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