La ciudad de Tebas posee una edificación imperdible en lo que es su necrópolis, el famoso Ramesseum del que varias veces hemos hablado y que no es otra cosa que el templo funerario que ordenó construir Ramsés II. El nombre del templo lo dio en 1829 Champollion, quien logró descifrar sus jeroglíficos y ver que perteneció al faraón en cuestión.
Siguiendo la arquitectura clásica del Imperio Nuevo, el Ramesseum nos ofrece decenas de cosillas para apreciar detenidamente como son sus pilonos, los bajorrelieves, las columnas o el impresionante techo azul con estrellas doradas. Los detalles de los bajorrelieves son dignos de admiración en todo el mundo por las representaciones que encontramos en ellos, donde se destaca el Poema de Pentaur que no describe otra cosa sino la Batalla de Qadesh.
También es de destacar el primer pilono de 68 metros, en el que encontramos su conquista más importante, la de la ciudad de Shalem. Una vez traspasado esto, encontramos el primer patio pero lo que interesa realmente es lo que vemos a su izquierda, el Palacio Real. De todos modos, si no deseamos detenernos en él, pasaremos a un segundo patio donde encontraremos dos estatuas gigantes del faraón que flanquean su propio templo.
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