EL CONDE DE ARANDA
"Todo para el pueblo pero sin el pueblo"
Por
Luís Martínez González, en 19 de Octubre de 2008
Pedro Pablo Abarca de Bolea nació repleto de ambición, pero también de constancia. Una y otra le llevarían a ser uno de los personajes más poderosos y destacados de la España de la segunda mitad del siglo XVIII.
Este aragonés – concretamente de Siétamo, Huesca – vino al mundo en 1.719. Siguió la carrera militar hasta su máximo grado, llegando a dirigir las tropas españolas en la guerra contra Portugal, en 1.762. Posteriormente fue capitán general de Valencia. Pero todo ello, con ser bastante, no es nada comparado con su trayectoria posterior.
El rey Carlos III, atraído por sus ideas ilustradas, le llamó a su lado para presidir el Consejo de Castilla, magistratura que hoy equivaldría, grosso modo, a la presidencia del gobierno. Permaneció en el cargo durante siete fructíferos años, en los que realizó una destacada labor renovadora dentro de las ideas del reformismo ilustrado.
Es conveniente, a nuestro juicio, recordar aquí algunas de las ideas que este movimiento intelectual propugnaba, dada la vital importancia que tuvo en los acontecimientos del siglo. Basada en el empirismo y el cartesianismo, la Ilustración se caracterizaba por un optimismo cimentado en la confianza que, para el progreso y la felicidad humana, suponen la Razón, la Ciencia y la Educación. Igualmente, defendía el carácter esencialmente bueno del ser humano, la tolerancia y la separación de la moral civil de la religiosa, así como que todos los hombres son iguales. Y, en relación con esto, predicaba la libertad frente a los privilegios del absolutismo del Antiguo Régimen y los derechos naturales de todos los seres humanos.
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