Esta sociedad arcaica y primitiva que acabamos de describir servirá, por así decirlo, de museo antropológico, étnico y religioso para los distintos investigadores, que fundan las conclusiones de sus estudios, por ejemplo sobre el “tótem”, en esa sociedad paupérrima y miserable.

Guerrero Maorí
Para los polinesios, la palabra “tabú” significaba, en un primer acercamiento, lo que es privativo de unos pocos y, por tanto, se oculta a los grupos numerosos y a las masas. Por ejemplo, un árbol que no se puede tocar constituye un “tabú”, por lo cual tampoco podrá derribarse ni cortarse. El propio escrúpulo que nace del temor que detiene a quien se dispone a derribar el árbol procede del “tabú”; por lo que, en general, “tabú” designa a todo aquello relativo a lo sagrado, oculto y escondido; a aquello que no puede ser desvelado sin incurrir en falta o castigo divinos. Los “tabús” son comunes a todos los pueblos y culturas de la tierra e, incluso, al decir de algunas escuelas antropológicas prestigiosas, hasta algunos animales superiores se comportan, ante ciertos hechos, de forma escrupulosa, por lo que se podría afirmar que existe en su conducta una incipiente acción tabuada; por ejemplo, un animal superior no comería sus propias crías sino en situaciones límite.
Por todo ello, los “tabús” son la base de los ritos y las creencias en la Polinesia y la Melanesia; además, parte de su ritual consiste en confeccionar dibujos e imágenes de animales para imitarlos en sus bailes y danzas y, así, atraerlos y cazarlos.
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