Con el comienzo de la egiptología moderna durante el siglo XIX, muchos países de Europa se interesaron por conseguir piezas del antiguo Egipto como reliquias para sus museos. Es ahí cuando surgió una nueva “profesión”, la de los saqueadores de tumbas, que no tardaban en colocar toda la mercancía hallada en el mercado.
Estos salteadores dieron, en numerosas ocasiones con auténticos tesoros de la civilización egipcia, entre los que se encontraban las tumbas de miembros de la realeza del país, con inmensos tesoros en su interior. Eso es precisamente lo que ocurrió en el año 1871, cuando varios miembros de la familia Abd- el-Rasul dieron con la entrada a una tumba al sur de la meseta Deir el-Bahari.
Según penetraron al lugar, descubrieron decenas de sarcófagos y numerosos cofres con ushebti, estatuillas con forma de momia que tenían, como finalidad, la sustitución de la persona que se hallaba en el interior de las tumbas ante el previsible deterioro de la misma.
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