Todos conocemos a Bartolomé de las Casas como un fraile domínico que se desempeñó como cronista de las Indias al retratar lo que sucedía en el Nuevo Mundo en varias obras. Pero también fue, y quizá sea su función más importante, un defensor incansable de los indígenas y el trato que recibían por parte de los conquistadores.
Arribó a las Indias en 1503 y se desempeñó extrayendo oro bajo el mando de Nicolás de Ovando en la isla La Española, como todos los conquistadores. Pero su situación y pensamiento cambiarían radicalmente cuando en 1511 presencia el “Sermón de adviento” del Fray Antonio de Montesinos, en el que realiza una dura crítica a los conquistadores por el trato que le daban a los indígenas.
Para refrescaros la memoria, lo más suave que les predicó ese día fue que todos estaban condenados al infierno, la peor acusación que un cristiano podía recibir. Es precisamente de las Casas quien recogió el sermón de Montesinos en su obra “Historia de las Indias” (tomo III, cap. IV).
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