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Ciencias Auxiliares de la Historia
Concepción del tiempo

Historia del calendario (II)

La Cronología
Por Marcelo Ferrando Castro, en 29 de Diciembre de 2008

En esta segunda entrega de la historia del calendario, llegamos ya al famoso Calendario Juliano, para así pasar a la Era Crsitiana y culminar con la Reforma Gregoriana, último retoque al calendario y que aún hoy se mantiene aunque deberemos acostumbrarnos que el año 4.000 por ejemplo, no será bisiesto para evitar un nuevo desfasaje.

Así llegamos al calendario Juliano, quien aconsejado por un astrónomo de la escuela de Alejandría, Sosígenes, incorpora una adaptación al mundo romano del año civil medio de 365.25 días y de su regla de intercalación de un epagómeno cada cuatro años, vigente en ese entonces en Egipto. La primera modificación consistió en añadir 90 días al año 708 ab Urbe condita (46 a.C.), como resultado de los 23 días del mes Mercedonio correspondiente al calendario de Numa y de la intercalación de 67 días entre November y December.

Por ese motivo el primer año del Calendario Juliano, llamado “el año de la confusión”, tuvo 445 días. A partir del 46 a.C., se adoptaría un año civil de 365 días distribuidos en 12 meses: Januarius (31); Februarius (29); Martius (31); Aprilis (30); Maius (31); Junius (30); Quintilis (31); Sextilis (30); September (31); October (30); November (31) y December (30).

La intercalación del día suplementario cada cuatro años debía realizarse a continuación del dies Terminalia. Ya que la forma romana de expresar las fechas este día era denominado “dies sextus ante calendas martias”, llamaron bi-sextus al día intercalar y bisiesto al año que lo contenía.


Durante el consulado de Marco Antonio (80-30 a.C.), en el año 44 a.C., se le dedica el mes Quintilis a la memoria de César, recibiendo el nombre de Julius. En el año 24 a.C., el Senado Romano lanza un decreto en el que se cambia la denominación del mes Sextilis por el de Augustus, en honor al César Octavio Augusto.

Ya que el mes Sextilis tenía 30 días y el dedicado a Julio César 31, se añade un día a Augustus, que es retirado de Februarius por lo que pasaría a tener con esta reforma 28 días los años comunes y 29 los bisiestos; y para evitar tres meses consecutivos de 31 días, se modifica la longitud de los últimos cuatro meses, por lo que la distribución final será: Januarius (31); Februarius (28,29); Martius (31); Aprilis (30); Maius (31); Junius (30); Julius (31); Augustus (31); September (30); October (31); November (30) y December (31); conservada hasta nuestros días al no ser reformada por el calendario gregoriano.

La errónea interpretación del decreto de Julio César hizo que, durante los primeros 37 años de la vigencia del calendario, se realizara la intercalación de bisiestos cada tres años, lo que provocó un desfasaje de tres días en el año 10 a.C., por lo que se decreta que todos los años comprendidos entre el 745 y el 756 ab Urbe condita deben ser considerados comunes.

La secuencia continua de años bisiestos será reanudada en el año 8 d.C., considerándose como bisiestos, todos los divisibles por cuatro. En esta época comienza a introducirse la semana planetaria de siete días: Lunae, Martis, Mercudi, Jovis, Veneris, Saturnis y Solis (Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus, Saturno y Sol respectivamente).

La utilización de este calendario Juliano se extiende rápidamente a todos los pueblos sometidos a la “Paz Romana”, manteniendo el origen hasta el año 532, cuando Dionisio el Exiguo establece la Era Cristiana. En el año 327, Constantino decreta la adopción oficial de la semana planetaria romana que coexistía con los Nundinae, transformando los días Solis en Dominica.

Por su parte debemos ingresar a la Era Cristiana,  decretada en el año 525 d.C. por Dionisio el Exiguo (foto) pone como fecha de inicio el nacimiento de Cristo, estimada, según la era de Diocleciano, el día 25 de diciembre del año 753 ab Urbe condita, en coincidencia con el solsticio de invierno.

Propone que el año comience el 25 de marzo, el día de la concepción lo que causará problemas ya que, al no ser aceptado unánimemente en Europa, coexistieron durante siglos diferentes cronologías en las cuales se iniciaba el año el 1 de enero; el 1 de marzo, el 25 de marzo y el 1 de setiembre. Recién a partir del siglo XVI se adopta el 1 de enero como origen de la escala, aunque naciones como Florencia y Rusia permanecerían al margen de este calendario hasta avanzado el siglo XVIII.

Dado que el cómputo de la era cristiana se establece sin ceros, el origen de la escala es el año 1 d.C., provocando diversas dificultades cronológicas, como ser que si el siglo XX comenzó el 1 de enero de 1901 y finalizó el 31 de diciembre del 2000 (según este medio de cómputo) ya que el primero de enero del 2000 pasaron únicamente 1999 años.

Para evitar estos problemas se creó el CALENDARIO JULIANO PROLÉPTICO, que identifica el año 1 d.C. con el año cero y le asigna números negativos a los anteriores a esa fecha. De esta manera, contando los siglos a partir del año cero, se entró en el siglo XXI el 1º de enero del año 2000.

Dado el desfasaje entre el calendario juliano y los equinoccios y solsticios, que se dio en forma progresiva a lo largo de los siglos y principalmente afectando a la iglesia ya que la Pascua no coincidía con la fecha indicada sino que fue cayendo en diversas fechas incluso en invierno, es que el Papa Gregorio XIII decide reformar el calendario juliano para evitar nuevamente ese desfasaje. Es la llamada Reforma Gregoriana.

Gregorio XIII. Foto: GDK en Wikipedia

La primera medida que toma fue la eliminación de los 10 días acumulados en los 1257 años transcurridos desde el Concilio de Nicea. A ese efecto hizo coincidir el 5 de octubre con el 15 del mismo mes, pero conservando la sucesión de los días de la semana. De esta manera el equinoccio de primavera sucedió nuevamente el 21 de marzo.

Para conservar esta concordancia entre las estaciones y el calendario, se modifica la intercalación de bisiestos, no considerándose como tales los años múltiplos de 100, cuyas dos primeras cifras no fueran divisibles entre 4; explicándolo de otro modo, a partir de 1582 serán bisiestos todos los años divisibles por 4 excepto los seculares no divisibles por 400.

Con esta nueva regla de intercalación, la duración del año gregoriano es de 365.24250 días, variando en 26 segundos el valor actualmente aceptado como duración media del año trópico. Dada esta acumulación tan lenta, serían necesarios más de 3000 años para que el equinoccio de primavera sea desplazado un día, lo que ya fue previsto al establecer que los años 4000; 8000; 12000 y demás múltiplos de 4000 no sean bisiestos.

Imagen Julio César: JoJan en Wikipedia
Imagen Dionisio el Exiguo: Roybb95 en Wikipedia

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