Sin duda, estamos ante una crisis económica mundial de consecuencias todavía impredecibles. Por ello, quizá no sea mal momento para traer a la memoria otro periodo en el que los cimientos del capitalismo también se tambalearon.
Nos referimos a la Crisis de 1.929, cuando el mundo despertó de los “felices años veinte”, de la “Belle epoque”, para encontrarse de golpe con el paro y la pobreza. Es indudable que la situación es distinta, pero quizá aquel ejemplo pueda ser de utilidad. Los economistas sabrán.

Las causas de la “Gran Depresión” todavía hoy son motivo de debate. La quiebra de la Bolsa de Wall Street en octubre y el consiguiente desplome financiero sólo fueron la manifestación de una caída total de la economía mundial. La Depresión fue causada por la crisis financiera, pero ésta fue consecuencia de la anarquía económica originada por la Primera Guerra Mundial.
Ésta propició un aumento desmesurado de la producción y, con ella, de la riqueza en los países neutrales. Pero, cuando finalizó y los beligerantes se reincorporaron a la economía, se produjo una enorme desproporción entre la oferta y la demanda : no existían bastantes compradores para tanta producción. Ello se vio agravado porque las empresas, al tener excedentes, recurrieron a los despidos para bajar el ritmo productivo, lo que incrementó el paro y, con esto, se redujo aún más la demanda.
Por otro lado, el exceso de dinero en circulación propició una gran alza especulativa durante los años veinte. En Estados Unidos, esto provocó que las acciones de las grandes corporaciones alcanzaran un precio muy superior a su valor real. A causa de ello, su compra en bolsa era muy costosa y el intercambio financiero cayó a niveles mínimos, lo que, a su vez, produjo el desmoronamiento de su valor y el consiguiente “crack” bursátil de Nueva York.

Debido a esta circunstancia y buscando obtener liquidez, los norteamericanos rescataron los fondos que tenían en empréstito para reconstruir los países afectados por la guerra, con lo que Europa se vio arrastrada a la crisis. Y cuando Inglaterra, intentando reactivar su comercio exterior, abandonó el patrón oro, permitiendo la devaluación de la libra esterlina en 1.931, el mundo entero se vio afectado.
En los países desarrollados, más de la cuarta parte de la población activa se quedó sin trabajo. Los precios y los salarios cayeron en picado. La producción industrial de Alemania y Estados Unidos descendió al 53% del nivel de 1.929 y el comercio mundial se redujo al 35% del valor que tenía ese mismo año. La crisis fue larga y muy dura : todavía en 1.939 el promedio de desempleo mundial se hallaba por encima del 11% y, al iniciarse la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos aún no se habían recuperado del todo. Pero su impacto fue desigual : algunos países se recobraron con relativa rapidez, mientras otros tardaron más tiempo.

Las primeras medidas de los gobiernos se encaminaron a mantener el valor oro de sus monedas y a contener el gasto público. Pero pronto vieron que ello era insuficiente.
En 1.932, Roosevelt es elegido Presidente de los Estados Unidos y pone en marcha la política de reactivación económica que había prometido en las elecciones : el “New Deal”, consistente en un paquete de medidas que más tarde sería imitado por casi todos los países. Algunos de sus puntos eran : estimular la economía nacional y reducir el paro mediante el aumento de la actividad económica a través de la multiplicación de la obra pública ; devaluación monetaria con objeto de potenciar las exportaciones ; subsidios para el campo ; acuerdos arancelarios proteccionistas y preferentes ; etc. Las medidas resultaron beneficiosas y a ellas vino a unirse, en algunos países, otra que, si bien fortaleció la economía, presagiaba catástrofes : la política de fabricación de armamento.
Pocos países salieron de la depresión sin sufrir importantes transformaciones internas. La sacudida producida por millones de parados en la calle provocó la radicalización política y el nacionalismo económico.

La democracia liberal y capitalista, asentada en el mundo desde mediados del siglo XIX, se había mostrado incapaz de prever y después solucionar la crisis. Por ello resultó muy afectada por “la Gran Depresión”. Otros sistemas se alzaron como salvadores de la crítica situación : de un lado, las izquierdas revolucionarias, ya que la crisis radicalizó a obreros y campesinos pobres ; de otro, los regímenes fascistas de carácter totalitario para absorber a las clases medias, a las que la depresión conducía a la ruina, con el paro y la devaluación del valor de su dinero, y que temían la revolución.
Si bien no puede decirse que “la Gran Depresión” trajo la Segunda Guerra Mundial, es indudable que fue uno de sus factores desencadenantes, en tanto que generó una tremenda inestabilidad. Como se ha señalado, en los años que van desde 1.929 hasta 1.939, el mundo cambió radicalmente : el nacionalismo económico trajo el político, los totalitarismos de uno y otro lado supieron pescar en aquel río revuelto, las naciones vieron en una nueva “carrera de armamentos”, como la de principios de siglo, una salida a la crisis y al paro, etc.
Por citar algunos ejemplos bastante clarificadores. En Alemania, el peligro revolucionario llevó a la burguesía y las clases medias a refugiarse en los brazos de Hitler ; la Unión Soviética, que, aislada del mercado mundial y con una economía de subsistencia, apenas sufrió la crisis, fue idealizada por los obreros de todo el mundo ; el Japón, con la dimisión del Gabinete Hamaguchi en 1.931, dio fin a su breve experiencia democrática ; en Francia, los enfrentamientos entre izquierda y derecha llevaron a las puertas de una guerra civil ; ¡Qué no decir de España! . Incluso en Reino Unido y Estados Unidos se desarrollaron movimientos fascistas.
En suma, “la Gran Depresión” produjo enfrentamientos en el mundo entero, no sólo de unos países contra otros, sino incluso dentro de un mismo país.
Afortunadamente, las estructuras políticas y económicas del mundo actual son más firmes y la salida a esta crisis será más breve y menos traumática. Pero es de esperar que los avariciosos para quienes todo dinero es poco reflexionen y aprendan la lección de una vez por todas. Y, por favor, que dejen de publicar sus beneficios en la prensa.
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2 Comentarios en “El “Crack” de 1.929: La Gran Depresión”
[...] Aunque también posee grandes riesgos siendo el principal el de la famosa especulación ya que es frecuente la compra y venta de acciones como un mero juego especulativo (con el fin de aumentar su valor) al margen de la marcha real de los negocios. Este juego trae como consecuencias que el precio de una empresa sea completamente irreal y en gran medida, las típicas crisis del capitalismo, como la que pasamos hoy en día o la más importante de todas, el Crack del 29`. [...]
[...] Nevertheless the previous thing, the situation might not be supported by a lot of time. In one of the anecdotes that more have impressed me of this epoch, it is that one tells on the Kennedy dad, that the shoes were shone and in this moment the polisher said to him that this evening it was going to go out to invest on the stock market. On having listened to this, the important businessman decided to sell everything what it had in this sector. Some time after of that this was happening, there happened the loss for 14.000 million dollars between 24 and on October 29 of 1.929. [...]