Al Qaida es la organización que se creo para unir e integrar los esfuerzos de las musulmanes yihadistas que llegaron a Afganistán de todo el mundo para combatir al invasor soviético a principios de la década de los 80. Estaba dirigida por la CIA estadounidense y el ISI pakistaní y sus esfuerzos estaban orientados casi con exclusividad a las facciones afganas islamistas sunies más radicales, dejando de lado a otras como los tayikos de Ahmed Sha Massoud o los hazaras.
Al Qaeda, que significa “La base”, era al principio y como su nombre dice, una base de datos que reunía las fichas de todos los combatientes yihadistas que se desplazaron a Afganistán para combatir a la Unión Soviética así como las operaciones financieras y de inteligencia vinculadas al conflicto. Poco a poco se fue convirtiendo en toda una organización internacional que reunía fondos para comprar armas con destino a los rebeldes sunies afganos.
Osama Bin Laden, hijo de uno de los saudíes más importantes de Arabia Saudita, fue reclutado en 1978 por el príncipe Turki Al Faysal, director de los servicios secretos saudíes, para dirigir una parte de la futura organización. Se crearon bases de entrenamiento en las que asesores estadounidenses y de otros países, enseñaban a los yihadistas todo tipo de tácticas de combate, manejo de explosivos, comunicaciones…
El interés de Estados Unidos para hacer de Afganistán el Vietnam de los soviéticos, llevó a este, a mediados de los 80, a proveer con misiles Stinger a las facciones afines para combatir la aviación soviética, hecho que aceleró la salida de la URSS del país. También quedó patente a medida que avanzaba el conflicto, la vinculación de la organización con el tráfico de heroína a gran escala que permitió invertir cientos de millones de dólares en la compra de armas y otras influencias y necesidades.
Números países europeos, dieron apoyo encubierto al conflicto afgana pero al terminar este, ninguno de los antiguos aliados quiso saber nada, como si de un pacto se tratara. Afganistán quedó bajo una brutal guerra civil que llevaría años después al poder a una nueva facción radical suni financiada por Arabia Saudita y afín a los intereses de esta y de los servicios secretos pakistaníes.
Miles de antiguos combatientes volvieron a sus países de origen pero no si antes envalentonarse con la victoria que habían conseguido. Para muchos de ellos, el siguiente objetivo serían los a menudo despóticos gobiernos de sus países a los que veían como los próximos enemigos a los que enfrentarse. Si habían podido vencer a la Unión Soviética, ¿Por qué no hacer lo mismo para derrocar a sus gobiernos?
Al mismo tiempo, a principios de los 90, en Yugoslavia, y durante la guerra, Estados Unidos, de forma encubierta ayudó a integristas islámicos en operaciones de apoyo táctico y suministro de armas para combatir en Bosnia a las tropas militares y paramilitares serbias y croatas.
Siguiendo este patrón de expansión de las actividades guerrilleras islámicas por el mundo, países como Egipto y Arabia Saudita, comienza poco a poco a ser blanco de las iras de un sector de musulmanes activistas. La voluntad de los integristas queda reforzada tras la llegada a Arabia Saudita de tropas estadounidenses para combatir al Irak de Saddam Hussein que había invadido Kuwait. Desde entonces, la actitud de estos islamistas hacia EEUU, cambia en teoría y con el tiempo se suceden varios atentados contra las tropas ubicada en el país saudita.
En 1995, un atentado contra la base militar en RIAD de los EEUU, causa 5 soldados muertos. Los 4 acusados dijeron estar inspirados por Bin Laden. Posteriormente juzgados fueron decapitados. Dos años después, en 1997, extremistas islámicos asesinan a 60 turistas en Egipto.
Y al año siguiente, en 1998, Oasama Bin Laden, con sus colegas Ayman al-Zawahiri (médico egipcio) y Mohamed Atef funda la organización conocida como “Frente Islámico Internacional para matar Cruzados y Judíos” y lanzó advertencias a Occidente, principalmente a EEUU, urgiéndole a que abandonara “tierra santa”. Para los islamistas más radicales el estacionamiento de tropas en Arabia Saudita, era el mayor de los oprobios que podía tener un musulmán. En un pequeño mitin Bin Laden llama “al deber de todo musulmán de matar a los ciudadanos estadounidenses -civiles o militares- y sus aliados, dondequiera que estén”. El objetivo de la organización, es la creación de un califato pan-islámico en el mundo, derrocando a los regímenes que considera “no islámicos” o laicos. Asimismo, pretende la expulsión de los ciudadanos occidentales de países musulmanes.
Aunque antes de 1998, ya se habían producido una serie de atentados con reivindicación integrista pero la campaña que se iniciaría después no tendría parangón y provocaría tras el 11 de septiembre una reorganización de la política internacional. Desde entonces hasta un tiempo después de la invasión de Irak todo estuvo vinculado a los integristas islámicos de Al Qaida. El Islam, fuera del tipo que fuera, quedó en el punto de mira en todo el mundo y la expansión de un grupo de poderosos intereses, colmó las mas altas aspiraciones de muchos.
En agosto de 1998, las embajadas de EE.UU. en Nairobi, Kenya, y Dar es Salaam, en Tanzania son atacadas con bombas provocando la muerte de al menos 301 personas y resultaron heridas más de cinco mil. Al Queda o la organización de Bin Laden, ya había reivindicado el derribo de helicópteros estadounidenses y el asesinato de personal al servicio de EE.UU en Somalia en 1993.
La organización supuestamente dirigida por Bin Laden, integra a en teoría a una red internacional de grupos extremistas musulmanes sunníes como la Al-Gammá Al Islamiyya, el movimiento islámico de Uzbekistán o el Harakat Ul-Mujahidin.
Muchas personalidades políticas e intelectuales del mundo occidental han dejado claro que ellos no consideran a Al Qaida, la única responsable de todo lo que ha venido sucediendo desde finales de los 90. Robin Cook (ex ministro de Tony Blair, en el Reino Unido), afirmó al periódico The Guardian que Al Qaida “es una operación de bandera falsa de los servicios de inteligencia occidentales”.
Según Cook, y el artículo de el diario londinense, la base de datos estaba mantenida por la organización de reclutamiento de Bin Laden, conocida como Maktab al Khidimat (MAK), y esta se encontraba en la casa de huéspedes Nait al Ansar en Peshawar (Pakistán) que a su vez mantenía oficinas en Detroit y Brooklyn (Nueva York) durante la década de los años ochenta.
Se han dicho muchas cosas sobre Al-Queda y es que durante un tiempo todo valía sobre la organización.
Al parecer su poder para muchos era ilimitado, casi mayor que el de los Estados. Podía derrocar gobiernos con facilidad y atentar donde y cómo quisiera. La paranoia que suscito Al Qaeda durante una buena temporada fue fomentada y apoyada como si de una operación negra se tratara para crear un clima favorable que permitiera las intervenciones militares estadounidenses por todo el mundo y amortiguase la mala publicidad que estas tendrían durante la farsa que ha sido y es la “guerra contra el terrorismo”.
FUENTES GRAFICAS: WikiCommons

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