La Navidad que acaba de pasar es una festividad y muchos de nosotros, sobre todo los más jóvenes, no cuestionamos acerca del origen de esta celebración que ya se ha hecho tradición en los pueblos que, cada año, llegado el 25 de diciembre, despliegan fiestas y ritos teñidos de su propia cultura y tradiciones, pero siempre sobre la base de una celebración religiosa como lo es la Navidad.

La Historia de la Navidad se inicia en Roma, en el documento llamado “Cronógrafo Filocaliano” que data del año 336 y que tratándose de un calendario litúrgico merece el dato de una fiesta y no de una simple muestra histórica.
Ya los romanos celebraban fiestas y ritos a sus diferentes dioses entre los días del 17 y 23 de diciembre, mientras que el 25 era la fiesta pagana del Sol, pero ¿realmente el nacimiento de Cristo fue el 25 de diciembre? Según la tradición que encontramos en el tratado Solstitis et aequinoctitis (s. IV) Jesús sería concebido en el mismo día y mes en que sería muerto, es decir el 25 de marzo, por lo cual el nacimiento caería el 25 de diciembre.
Pero sin dudas, lo que todos los pueblos católicos del mundo compartimos respecto de la Navidad es la esperanza y los buenos deseos que, a pesar de la cri$i$ en la que el mundo se encuentra sumido actualmente, merece la pena recordar y celebrar y para ello nada mejor que hacer a un lado la cri$i$, usando el Buscador Navideño Noogle.
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En esta segunda entrega de la historia del calendario, llegamos ya al famoso Calendario Juliano, para así pasar a la Era Crsitiana y culminar con la Reforma Gregoriana, último retoque al calendario y que aún hoy se mantiene aunque deberemos acostumbrarnos que el año 4.000 por ejemplo, no será bisiesto para evitar un nuevo desfasaje.
Hablar de Alejandro VI no es tarea nada sencilla ya que debemos tomar en cuenta millones de factores a su alrededor para poder comprender sus actitudes, que advierto, muchas aún hoy son injustificables. Nacido un 1º de enero de 1431, su vida religiosa asciende de forma muy veloz al ser nombrado Papa en el año 1455 su tío, Alfonso de Borja, quién asumiría como Calixto III.




